27/8/15

Qué está en juego en Brasil a partir del “petrolao”

*Por Gabriel Merino
El “Petrolao”, las investigaciones sobre corrupción y el sentido político estratégico que se le quiere dar golpea sobre la construcción “posneoliberal” en Brasil y la región. El proyecto neodesarrollista nacional-popular de Brasil transita una crisis, que en gran medida es de envergadura regional. Nos encontramos en una encrucijada histórica, se agudizan los enfrentamientos entre proyectos políticos estratégicos en la región y Brasil por su escala e importancia es un núcleo fundamental en disputa. No es el objetivo de este artículo señalar los cuellos de botella que transitamos, los problemas en la construcción de alternativas al proyecto financiero neoliberal ni las contradicciones existentes. El foco reside  sobre qué está en juego a partir del Petrolao.
Petrobras y su importancia  
Petrobras es la mayor empresa de Brasil y la mayor empresa cuasi-estatal de Latinoamérica. Fundada en 1953, emplea a 87.000 personas y produce dos millones y medio de barriles de crudo al día. Tanto el ex presidente ‘Lula’ da Silva como la presidenta Dilma Rousseff hicieron de la petrolera un núcleo estratégico para el desarrollo nacional autónomo –“el futuro de Brasil”— tras el descubrimiento de nuevos yacimientos en 2006. 
Las reservas descubiertas en el presal del océano Atlántico equivalen al total del petróleo producido por Petrobras desde su creación en 1953 (15.000 millones de barriles). Además de superar la dependencia energética que siempre fue en Brasil un factor de restricción externa (por la necesidad de importar combustible), con la modificación del marco regulatorio de los hidrocarburos que supuso una parcial reestatización de los recursos, Petrobrás y la renta hidrocarburífera se perfilaron en relación a la profundización del proyecto neodesarrollista, nacionalista y popular.
En Petrobrás –junto con el banco estatal de desarrollo (BNDES), la estatal Eletrobras y su subsidiaria Eletronuclear, etc.— se anuda el núcleo de poder del proyecto neodesarrollista nacional-popular de Brasil. Este está conformado por un sector de la fracción de grupos económicos locales-regionales (Odebrecht, Carmago Correa, etc.) y los cuadros políticos y estratégicos neodesarrollistas; los sectores nacionalistas de las fuerzas armadas y del complejo industrial-militar; las fuerzas populares y el PT en tanto partido que articula y expresa con tensiones a dichas fuerzas y a las aspiraciones populares.
Como plantea Giorgio Romano Schutte su artículo “Brasil: nuevo desarrollismo y petróleo en aguas profundas” (Revista Nueva Sociedad N°244), el cambio regulatorio impulsado por el PT y aprobado en 2010, implicó un aumento de la renta petrolera capturada por el estado y un aumento del control estatal de Petrobrás (el paquete accionario en manos del Estado pasó del 39,8% al 48,3%). También implicó hacer de Petrobras y la riqueza del presal una herramienta fundamental del desarrollo en varios sentidos: a través de la inversión en educación y en investigación y desarrollo, mediante la producción de componentes y tecnologías fundamentales de explotación, con el impulso directo e indirecto de industrias estratégicas (industria naval, nuclear, nanotecnología y nuevos materiales). En el caso de la industria naval, contaba con 1.900 trabajadores directos en el año 2000 y pasó a emplear 80.000 en 2010, desarrollando componentes centrales para la explotación del presal.
Con el cambio regulatorio, claramente retrocedieron los intereses financieros y petroleros transnacionales tanto en la puja por la apropiación de la renta petrolera así como en la apropiación del recurso estratégico. Además, dicha renta fue invertida en el desarrollo de una empresa y de un complejo industrial que implica una competencia internacional (por lo menos de escala regional) para dichas transnacionales.  
Por otra parte, los fondos destinados a investigación y desarrollo aumentaron de 264 millones de reales en 2002 y 617 millones de reales en 2007, a más de 1.000 millones de reales en 2011 (más de 500 millones de dólares), de los cuales 96% provinieron de Petrobras. Esta es una variable central para determinar una estrategia de desarrollo autónomo en la actualidad. Brasil es el único país de Latinoamérica que supera el 1% del PBI en inversión en investigación y desarrollo (1,21% en 2013 según datos del Banco Mundial) seguido de lejos por Argentina con un 0,65%.
En resumen, Petrobras y el conjunto de las industrias estratégicas de estado constituyen el núcleo fundamental para impulsar otra matriz productiva nacional, que desarrolle las fuerzas productivas locales, otorgue independencia económica y posibilidades reales de autonomía regional. Hoy en Latinoamérica ese es el gran cuello de botella que transitamos y las burguesías locales neodesarrollistas no van a resolver dicha cuestión: no sólo por una cuestión ideológica, sino porque no poseen escala ni capacidad tecnológica para hacerlo.
Operación Lava Jato y el golpe a la burguesía neodesarrollista
La operación Lava Jato a partir de la cual se denunció el “Petrolao” (el pago de sobornos empresarios, financiamiento de la política, licitaciones arregladas, lavado de dinero, etc.) golpea sobre este núcleo,  y puede legitimar las posiciones que buscan la re-privatización de Petrobrás y la renta petrolera brasilera con su gigantesca reserva del presal. Además de desarticular la estrategia nacional de desarrollo industrial y de investigación y desarrollo atada al plan Petrobras.   
La operación se inició en julio de 2013 cuando se descubrió una red de lavado de dinero de tamaño mediano que operaba desde Brasilia y Sao Paulo. Esta investigación llegó hasta el cambista Alberto Youseff, personaje clave en el drama. Tras su detención en marzo, llegó a un acuerdo de delación premiada con la Policía: sus testimonios y los de otro ‘colaborador’ con la Justicia, Paulo Roberto Costa, ex director de Abastecimiento de Petrobras, hicieron explotar el caso. La Justicia ha procesado hasta el momento formalmente a 39 personas por lavado de dinero, corrupción y formación de organización criminal en la Operación Lava Jato.
Petrobras licita sus grandes obras a empresas constructoras y de ingeniería brasileñas, en aplicación de la política ‘Compre Nacional’ implementada por Dilma Rousseff como ministra de Energía para estimular la creación de empleo y fortalecer el núcleo neodesarrollista de la burguesía paulista. Sin embargo, a causa de la investigación judicial, Petrobrás el último día de 2014 emitió una prohibición para firmar contratos nuevos con 23 empresas incluidas en la Lava Jato, perjudicando a contratistas habituales suyas: Alusa, Andrade Gutierrez, Camargo Corrêa, Carioca Engenharia, Construcap, Egesa, Engevix, Fidens, Galvão Engenharia, GDK, Iesa, Jaraguá Equipamentos, Mendes Junior, MPE, OAS, Odebrecht, Promon, Queiroz Galvão, Setal, Skanska, Techint, Tomé Engenharia y UTC.
En el caso de la empresa Electronuclear, la investigación produjo la renuncia de su presidente, Othon Luiz Pinheiro da Silva, quien es considerado el padre del proyecto nuclear brasileño. El vicealmirante trabajó desde los años 70, al principio en carácter secreto, en el desarrollo del programa nuclear de la Armada, en el que continuó hasta mediados de la década del 90.
La detención de Marcelo Odebrecht, presidente de la empresa homónima, golpea sobre la mayor constructora de América Latina. Dicha constructora dirigió en Cuba la estratégica mega obra por $1.000 millones del puerto de Mariel con fuertes implicancias geopolíticas. Fue financiada por préstamos subvencionados desde el Banco de Desarrollo de Brasil (otro objetivo en la mira de las empresas transnacionales y las fuerzas financieras anglosajonas) e involucró a cerca de 400 empresas brasileñas en la construcción del puerto de Mariel, que fue inaugurado en enero de 2015. Para operar en Cuba, Odebrecht tuvo que sortear una ley estadounidense que lo prohibía, generando fuerte rechazo en las elites imperialistas, particularmente las neoconservadoras, quienes ven amenazados sus intereses en el “Mare Nostrum” (el mar Caribe).  
El golpe a la política
De los presupuestos de miles de millones de reales, según la investigación judicial se desviaba  un porcentaje cercano al 3% para empresarios y políticos. Entre los políticos investigados, la mayoría no pertenecen al PT sino a partidos aliados e incluso opositores, quienes supuestamente recibían los sobornos para asegurar gobernabilidad en el parlamento ante la falta de mayoría propia del PT. El Partido Progresista, que forma parte de la coalición de la presidenta Dilma Rousseff, es el principal partido investigado: el Supremo Tribunal autorizó que se investigue a 32 de sus miembros. Le sigue el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), con siete miembros investigados. El Partido de los Trabajadores (PT) mantiene seis de sus miembros bajo sospecha. El opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y el Partido Laborista Brasileño (PTB) tienen uno cada uno.
Sin embargo, el blanco por parte la mayor parte de la oposición y de los propios partidos aliados que empiezan a cambiar de bando, es el gobierno de Rousseff. El objetivo es la caída de Dilma Roussef  y la pérdida de legitimidad de Lula, que es el hombre fuerte ante las elecciones de 2018. El PT, junto al movimiento obrero, los movimientos sociales y el movimiento estudiantil siguen representando la amenaza principal para las fuerzas neoconservadoras y neoliberales.
El eje central de estas fuerzas es la discusión sobre corrupción, la demonización de la política y de lo público estatal, en tanto herramienta de los procesos de transformación nacional popular. Es decir, la deslegitimación de la política como instancia de participación y movilización popular y del “estado” en tanto herramienta de los pueblos contra el “mercado”. Mediante la discusión sobre las formas políticas y la corrupción se pretende desviar el eje político central que atraviesa a Brasil y a Suramérica: soberanía o dependencia.
De esta forma, al igual que a principio de los 90’ con los golpes hiperinflacionarios realizados por las fuerzas neoliberales para preparar el terreno de las reformas del “Consenso de Washington”, mediante la crítica a lo estatal se propicia las privatizaciones. Se compone una fórmula, completamente insostenible desde los datos de la realidad, donde lo público es igual a lo corrupto e ineficiente mientras que lo privado y el “mercado” es igual a lo íntegro y lo eficiente. Basta hacer un breve recorrido por el sinnúmero de fraudes financieros de los últimos años, revisar el sistemático lavado de dinero por parte de los principales bancos transnacionales u observar el comportamiento de los gobiernos y las corporaciones en las principales potencias capitalistas para dar por tierra dicho razonamiento.
Por ello es necesario escindir en el análisis, la investigación judicial y los problemas de corrupción de la cuestión estratégica: quién maneja Petrobras y en función de qué proyecto.   
La situación geopolítica y la crisis Brasil
El golpe sobre el núcleo neodesarrollista nacional popular de Brasil se da en un escenario de agudización de las contradicciones entre los polos y bloques de poder mundial. A partir de la guerra civil en Ucrania, la presión contra los bloques de poder emergentes se ha profundizado. Las fuerzas del capitalismo financiero transnacional, expresadas en el polo de poder angloamericano, necesitan avanzar en un nuevo orden mundial y los poderes emergentes constituyen una traba fundamental para ello, ya se traten de proyectos poscapitalistas, neodesarrollistas o formas en transición.
El golpe sobre Brasil a partir del “Petrolao”, utilizando el “Lava Jato” para producir un cambio en las relaciones de fuerza en el estado, pone en crisis el proyecto político regional de desarrollo autónomo cristalizado en el MERCOSUR, el ALBA (ambos en un proceso de convergencia, con países del ALBA que se incorporan al MERCOSUR), la UNASUR y la CELAC, en tanto Brasil es el territorio principal, por su escala, del proyecto regional. El golpe se da, además, en un situación de debilidad del conjunto de los bloques emergentes, donde influye de forma determinante la baja del precio de los commodities, disparada a partir de la guerra civil en Ucrania y lo que el Papa Francisco llama como el desarrollo de una tercera guerra mundial fragmentada. Sin dudas, el plano de la guerra económica que no sólo se compone de sanciones financieras, se ha profundizado como parte de este enfrentamiento global.
En resumen, lo que en realidad está en disputa detrás del Petrolao y del sentido político estratégico que se le está dando a la cuestión, es el lugar de Brasil y Latinoamérica en el próximo orden mundial en ciernes.  
* Dr. en Ciencias Sociales, docente e investigador UNLP-CONICET y del CEFIPES

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